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EL CHERNÓBIL MEXICANO: LA HISTORIA DEL DEVASTADOR ACCIDENTE NUCLEAR DE 1984

🔺 Un descuido propagó ciertos niveles de radiación en al menos 4 mil mexicanos

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En la década de los 80, México vivió uno de los incidentes nucleares más graves de su historia, un evento que, por su similitud con el desastre de Chernóbil, fue bautizado como el “Chernóbil mexicano”. A pesar de la magnitud del suceso y el número de personas expuestas a la radiación, el caso careció de un seguimiento adecuado, dejando en la incertidumbre los efectos a largo plazo en las víctimas.

El incidente se originó en el Centro Médico de Especialidades de Ciudad Juárez. En 1977, el hospital adquirió una unidad de radioterapia con cobalto-60, un material altamente radiactivo. La importación de este equipo se realizó sin la autorización ni la supervisión de la Comisión Nacional de Seguridad Nuclear y Salvaguardias (CNSNS). Además, el hospital carecía de personal capacitado para su manejo, por lo que la unidad fue almacenada de forma inadecuada en las instalaciones.

Seis años después, en 1983, un técnico de mantenimiento del hospital, Vicente Sotelo Alardín, desarmó el cabezal de la unidad, extrayendo un cilindro que contenía 6,000 gránulos de cobalto-60. Sin ninguna protección y desconociendo los peligros, Sotelo, con la ayuda de un amigo, trasladó el cilindro en una camioneta con la intención de venderlo como chatarra a un negocio llamado Yonke Fénix.

Durante el transporte, el cilindro se perforó, esparciendo los gránulos radiactivos por la camioneta, el yonke, el conmutador telefónico del hospital y varias calles de Ciudad Juárez. El material contaminado se vendió a empresas metalúrgicas en Monterrey, Gómez Palacio y San Luis Potosí, donde se fabricaron 6,600 toneladas de varillas y 3,000 bases metálicas para mesas, distribuyéndose en 17 estados del país.

El accidente se descubrió fortuitamente el 16 de enero de 1984, cuando autoridades estadounidenses detectaron un camión con niveles inusuales de radiación cerca del Laboratorio Nacional de Los Álamos, alertando al gobierno mexicano. La investigación rastreó el origen de la contaminación hasta el cilindro de cobalto-60 sustraído del hospital en Ciudad Juárez.

Se estima que alrededor de 4,000 personas estuvieron expuestas a la radiación. Aunque la mayoría recibió dosis bajas, cinco personas sufrieron daños severos. Vicente Sotelo Alardín reportó malestares que posteriormente desaparecieron, y trabajadores del Yonke Fénix presentaron síntomas como marcas en la piel, cansancio, náuseas y leucopenia.

De las 17,600 construcciones inspeccionadas, 814 tuvieron que ser demolidas debido a la contaminación. La camioneta utilizada para transportar el cilindro fue abandonada en una zona despoblada.

A pesar de la magnitud del “Chernóbil mexicano”, no se realizó un seguimiento exhaustivo de las víctimas ni se determinaron con precisión los efectos a largo plazo de la exposición a la radiación. El número exacto de afectados y las consecuencias para su salud siguen siendo inciertos, dejando una herida abierta en la historia de México y una lección sobre la importancia de la seguridad nuclear y el seguimiento de las consecuencias de este tipo de incidentes.