🔺️ Mientras miles buscan protegerse de la violencia con chamarras, playeras y cascos “antibalas” comprados en internet, especialistas advierten que muchos de estos productos son falsos y podrían costar vidas.
En un México asediado por la violencia —con cerca de 30 mil homicidios al año y 63% de la población sintiéndose insegura en sus ciudades— la llamada “moda del blindaje” se ha convertido en una seductora promesa de protección. Playeras, chalecos, chamarras y cascos que aseguran detener balas circulan libremente en portales de internet, promovidos incluso por influencers, como si fueran un accesorio más del día a día.
Detrás de esta tendencia se esconde, sin embargo, un mercado negro de estafas: productos sin certificación que no protegen contra un disparo real y que exponen a los compradores a un riesgo mortal o, peor aún, a una falsa sensación de seguridad.
“Ir a cualquier tienda o meterte a plataformas de venta en línea es suficiente para encontrar ropa supuestamente blindada a precios muy accesibles. ¿Qué es lo que ves ahí? Productos que presumen mucho, cuestan poco y no protegen nada”, advierte Ignacio Baca Torres, director ejecutivo de Baher Asesores Integrales y presidente de la Comisión de Blindaje Corporal del CNB.
El especialista calcula que hasta 20% del blindaje corporal que circula en el país no cumple con estándares mínimos de protección.
En Mercado Libre puede encontrarse un “chaleco táctico militar antibalas” por 257 pesos. El propio anuncio admite que sus placas están rellenas… de espuma. Aun así, la descripción generada por inteligencia artificial lo recomienda para “seguridad privada”.
Lo mismo ocurre con un casco presuntamente “kevlar balístico nivel IIIA”, que en realidad está hecho de polietileno. El anuncio presume certificación del Instituto Nacional de Justicia (NIJ), pero la marca no aparece en el listado oficial de empresas acreditadas.
La tendencia no surgió de un desfile de moda, sino de la mezcla entre el pico histórico de homicidios (2019-2020) y el boom del comercio digital durante la pandemia. Ambas circunstancias dispararon la demanda de protección personal.
Mientras marcas formales ofrecían ropa discreta y certificada, vendedores oportunistas inundaron plataformas como Mercado Libre, Amazon y Facebook Marketplace con “blindaje” a precios imposibles.
Una variante peligrosa es el uso de chalecos que solo simulan ser antibalas. Se usan para hacer ejercicio —como peso adicional— o incluso para asistir a marchas. A simple vista parecen blindados, pero no cuentan con material balístico real.
“Puede representar una sospecha para autoridades y hasta para agresores. Ya sea por moda o por mínima protección, usar algo que parece chaleco antibalas puede generar una percepción desafiante”, explica Baca Torres.
No solo la ropa está en riesgo. En el blindaje automotriz también proliferan servicios “pirata”. De las 140 empresas registradas oficialmente, solo 30 pertenecen a asociaciones con acreditación internacional.
“Tenemos clientes con tráileres y puedo decir que en 2024 y lo que va de 2025, todos los vehículos que hemos blindado recibieron impactos en carretera”, señala Leopoldo Cerdeira, CEO de Ruhe y delegado de la Comisión de Blindaje Automotriz del CNB.











