🔺 La ola de inseguridad sacude a Champotón y Carmen con ejecuciones, tortura e incendios provocados
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En menos de 24 horas, tres hechos violentos estremecieron a los municipios de Champotón y Carmen. La sangre corre, los cuerpos aparecen, las propiedades arden. Y mientras tanto, las autoridades estatales maquillan la tragedia o simplemente guardan silencio. La violencia no sólo se desborda: se instala, se normaliza y se encubre. Ahora, alcanza incluso los círculos más cercanos del poder.
La noche del sábado, sujetos a bordo de motocicletas incendiaron la bodega “El Tuxpeño”, ubicada en la calle 25 entre 22 y 24 de la colonia Pozo Monte, en Champotón. El inmueble pertenece al padre de Jackson Villacís, titular de la Fiscalía General del Estado de Campeche (FGECAM).
El fuego no fue un accidente: fue un mensaje. Vecinos reportaron movimientos constantes de camionetas en la zona, sin que se sepa quién entra ni qué se transporta.
Este ataque no sólo evidencia vulnerabilidad, sino que deja al descubierto que ni los altos mandos están a salvo. El Estado parece haber perdido el control de su propio territorio.
Un día antes, los cuerpos sin vida de una pareja fueron hallados a orillas de la carretera en las inmediaciones del poblado de Pixtún, también en Champotón. De acuerdo con las primeras versiones, fueron levantados de un rancho cercano, torturados y ejecutados.
Horas después, otro cuerpo apareció en la carretera Puerto Real–Isla Aguada. Se trataba de un joven de 21 años, con impactos de bala en la cabeza. Sin nombre, sin contexto, sin justicia.
La violencia ya no distingue jerarquías. Alcanza a ciudadanos, alcanza a familias de funcionarios, alcanza a todos. Lo más alarmante no es solo la frecuencia de los hechos, sino el silencio que los rodea.











